El Planeta de los Simios (Planet Of The Apes)
Director: Tim Burton. Guión: William Broyles Jr., Lawrence Konner y Mark Rosenthal, sobre la novela de Pierre Boulle. Intérpretes: Mark Wahlberg, Tim Roth, Helena Bonham-Carter, Michael Clarke Duncan, Paul Giamatti, Estela Warren. Duración: 119 m. Año: 2001. Nacionalidad: EE.UU.


La visión que el siempre interesante Tim Burton ofrece sobre "El Planeta de los Simios", la novela llevada al cine por Franklin J. Schaffner en 1968, es eso: interesante. Resulta complicado que un "remake" supere al original (desde luego, no imposible), especialmente cuando las principales aportaciones son simplemente una (personal) ambientación y unos (correctos) efectos especiales: son estas cuestiones de dinero, no necesariamente de buenas ideas. Y, precisamente, en el campo de las novedades de guión la más reseñable corresponde al desenlace final, que, francamente, se pasa un poco de rosca al querer ser original. A pesar de que las caracterizaciones están muy conseguidas es difícil calificar la actuación de los actores-simios. Eso sí, Helena Bonhan-Carter tiene más madera de actriz detrás de su máscara que el humano protagonista, Mark Wahlberg, que pone el mismo careto todo el rato, parece que siempre está enfadado y es menos creíble que el mono Pericles como dios de los simios (ya entederán lo que digo cuando la vean).
Cinelandia.
Si está planeando ir a ver la nueva versión de "El planeta de los simios", piénselo dos veces. Muchos, entre ellos un servidor, se habrán pasado por los cines atraídos por el atractivo de la primera película y el bien ganado prestigio de Tim Burton. Y la verdad es que el comienzo es prometedor y su posterior desarrollo se deja ver. Con un magnífico trabajo de maquillaje y ambientación, resulta entretenida hasta el momento en el que se empiezan a dar explicaciones. A partir de ahí y hasta el final, todo resulta increible. Encima, para más regodeo, no hay un sólo final sino dos. El primero, que da solución a la línea argumental, insulta a la inteligencia de los espectadores. El segundo, que no es un verdadero final sino el punto de conexión para una secuela, aunque da más de una pirueta mortal a los argumentos espacio-temporales, por lo menos tiene el mérito de ser gracioso. Algo a lo que ni siquiera puede aspirar el protagonista Mark Wahlberg, cuya expresión facial cambia menos que cualquiera de sus compañeros de reparto a pesar de los kilos de maquillaje que estos llevan encima y que les hacen irreconocibles. Hasta el pobre mono Pericles tiene más capacidad 

 interpretativa.
Deckard.